La vi sentada en el patio con su cara de inocente, sonriéndole a la gente como si al resto le cayera bien, como si para alguien fuese relevante su presencia en la universidad. Ella ingenua pensaba que era casi una ídola para el resto, pero verdaderamente a nadie le importaba un bledo.
Según ella era “Daniela la reina de
Yo no la conocía más que de vista, por lo que no me importaba mucho ni lo que ella hiciera o dijera. La verdad, nadie la conocía mucho, solo se enteraban de sus extrañas vivencias y experiencias por tratar de ser una alumna destacada. Ella misma esparcía sus rumores, con el único fin de ser tema en la Portales. Contaba que se había metido con un ayudante, que se había cagado a una amiga, en fin, tantas cosas que decía solo para hacerse notar, sin saber que eso contradecía aún más la imagen de niña buena que vendía. La verdad yo nunca la hubiese querido conocer más, ¡si tan solo se hubiese mantenido al margen de mi vida!
Un día Daniela llegó a mi curso de Economía, la habían cambiado por incompatibilidad de horario. Se sentó en la mesa en que yo estaba, y miró mis apuntes toda la clase. Al terminar la hora me levanté rápido, necesitaba llegar temprano a mi casa para juntarme con mi pololo. Daniela me siguió hasta la entrada de la universidad, yo lo noté, por lo que intrigada me di vuelta y le pregunte al seco que quería. Luego de darme la lata unos cuantos minutos, me pidió mi cuaderno de economía prestado, con la condición de ir a dejármelo ese mismo día a mi casa. Como no vivíamos tan lejos acepté.
Cuando el reloj dio las ocho, sonó el timbre de mi casa, era ella. Como estaba con Diego salimos juntos, aprovechando la situación para presentárselo a mi compañera. Daniela lo miraba embobada, sin emitir palabra alguna, solo con ojos de deseo. Me percaté de la situación y le dije a Diego que me esperara adentro. Daniela, hipócrita, me miró con cara de asombro y estúpidamente me pregunto por qué lo había echo entrar. En ese minuto mi simpatía se acabó, le quité el cuaderno y le dije que nunca más mirara a mi pololo de esa forma y que se olvidara completamente de mi existencia.
Pasaron dos meses y Daniela nunca más fue tema de enojo para mí, hasta ayer.
Como era tradición, todos los años en la facultad se hacía el carrete del Centro de Alumnos, y este año no iba a ser la excepción. Para esto nos juntamos con todos mis amigos y mi pololo bastante temprano en la universidad. El día estaba increíble, había muchísima gente, comida, bebida y música. Todo iba bien, hasta que llegó ella, la odiosa.
Daniela estaba vestida muy provocativamente, o mejor dicho casi ni vestida, causando el disgusto de la gran mayoría de las mujeres en el carrete, mientras que para los hombres era el blanco perfecto para deleitarse. A lo lejos la vi caminar hacia el sector donde se encontraba Diego, pero como había tanta gente no me importó, ya que perfectamente podía ir a hablar con algún compañero.
Pasó el rato y me di cuenta de que Diego no aparecía. Comencé a buscarlo por el patio de la facultad, en el baño y en la cafetería, pero no había rastro de su persona. Cuando subí al segundo piso para ver si estaba por ahí, vi que la Vale venía corriendo hacia mí. Ella, bastante alterada, me dijo que había visto a la Daniela con mi pololo medio desmayado en el subterráneo. Bajé rápidamente para ver que ocurría, y lo primero que me encuentro abajo de la escalera es a la Daniela encima de mi pololo, tratando de aprovecharse de él. Mi enojo no podía ser mayor, la agarré con fuerza y la empujé contra la pared. Ella, riendo, me gritaba que Diego estaba enamorado de ella, y que por eso le había dado un líquido que le haría decir la verdad frente a todos. Bastante asustada le pregunte que le había dado, y me dio la tan temida respuesta: “La pócima de Yolanda Sultana”. Desesperada agarré lo único que encontré en el suelo: un hacha. Me abalancé sobre ella y se la enterré reiteradas veces en su cuerpo, para finalmente partirle la cabeza en dos.
Salí del edificio corriendo y dejé el cuerpo, envuelto en plástico y basura, tirado en un depósito bastante lejos de la Universidad. Volví rápidamente al subterráneo y me llevé a Diego al centro asistencial más cercano.
Como Daniela no era importante, ni amiga de casi ningún portaleano, nadie notó su ausencia. Esto dejó mi matanza como un crimen perfecto. No había testigos, el arma estaba perdida y el cuerpo totalmente olvidado.
5 comentarios:
rica daniela... jajajaja pendeja rancia...
amigaaaaaaaaaaa no sabi todo lo que te quierooo y me encanta que estemos la una pa la otra ya que nuestras ricas amigas se fueron a la mierda jajajajajjaa
graciaas por todo! por ofrecerte a cuidar a la Flo pa que yo pueda dormir, por tus paleteadas infinitas y por ser mi amigui!!! te re quiero!!!
mierda!
no sabia que escribiai tan bieeeeen!
cuando sea millonario te voi a publicar un libro!
shusha.. no habia leido el final con el tema del hachazo y weas jajja por eso te pregunte si la historia era real.
En fin.. buen relato
Barbie!, eres un aporte! me gustó mucho tu texto, y me agrado el encontrar por fin rasgos psicopaticos en ti...
sigue dandole!
Francisco
Si tan solo Daniela fuera Verónica Valdivia jajajaja
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